Los malos y los buenos

Por: Hernán Baquero Bracho.
El malo disfrazado de buena persona y, además, simpático, es casi un éxito de la naturaleza, que también ha hecho a los camaleones, tan irisados y cambiantes. Yo tiendo a descubrir la gracia mimética del malo.

Lo que ahora se debiera reclamar por anuncio es: “necesitamos personas malas, que quieran ganarse su sueldo secundando nuestras malas intenciones de ganar dinero trampeando. Tendrán parte en los beneficios”. Se presentarían montones de personas deseando ponerse al trabajo. Pero realmente era eso lo que se decía en los antiguos anuncios, lo que se veía al trasluz. En los anuncios por palabras pueden verse al trasluz muchas cosas. Sé puede leer cosas como estas: “ se necesita una buena cocinera que sea, a la vez, buena persona, o casi una esclava” o “ se necesita cualquier arpía, con tal de que sea buena cocinera”.

Lo que mas me divierte es ver a esos malos llenos de encantos, simuladores y disimuladores, azacaneados en trabar relaciones, enredarlas entre sí, conspirar, confundir para sacar alguna tajada.

Es su modo de ser. No tienen otra forma de vivir, creen firmemente que eso es la lucha por su existencia, el único medio de afirmarse el malo o la mala del pueblo, de la cuadra y /o de la tertulia, el malo o la mala de aspecto muy sociable, son personas que nunca demuestran sus verdaderos sentimientos y a los que le repele que alguien las vea sufrir, aunque sus sufrimientos internos son a veces desmesurados. Se alegran tanto del sufrimiento de los otros, que no quieren ser pasto de lo mismo y disimulan cuanto pueden. Lo que no pueden disimular muchas veces ante quienes los observan con atención, es su maldad. La maldad deja en el tejido del alma humana unos flecos que siempre la delatan. Son las imprudencias que comete su disimulo. Pasar la vida disimulando no las hace muy poco llevadera. Un disimulo tan obstinado cansa.

En ciertos ambientes mundanos y competitivos se ven muchas caras trabajadas por el disimulo, la que pueden tener algunos políticos de provincia. Las pasiones muy fuertes marcan. La maldad es a menudo una forma de pasión, una mala pasión. Quien es presa de una pasión no puede salvarse a si mismo, ni tampoco puede ser salvado. Pero muchas veces lo que se muestra en la cara no es la mala pasión, sino el sufrimiento que procura. Por esos muchos malos tienen caras de buenos sufrientes. Para poder descubrir esas cosas hay que ser un poco dejados, desinteresados.

Es como el que va por el campo paseando desinteresadamente y de repente se encuentra una seta. Pero también se puede ver algunas veces. Sufren porque ya no pueden disimular su sufrimiento y se delatan más por ello. A veces, los malos pueden ser decorativos, como plantas raras y saber detectar su maldad constitutiva – sobre todo, para liberarse – o es una forma de ejercer la inteligencia de los que son un poco mejores: aunque pasear por gusto entre malos es como jugarse la vida deportivamente, con la osada alegría que se debe poner en el juego.

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