TOCAPALMA: cuando un pueblo decide no rendirse ante la sed


Por Fabián Daza Díaz

Hay pueblos que esperan. Otros reclaman. Y hay pueblos que, después de tocar una y otra vez las puertas y no encontrar respuestas, terminan entendiendo que también tienen que buscar por sus propios medios la manera de salir adelante.

Eso es lo que está pasando en Tocapalma, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira.

Esta comunidad campesina lleva años enfrentando una sequía que parece no dar tregua. Allí, conseguir agua no es un asunto menor ni una preocupación de temporada. Es una necesidad que condiciona la vida diaria de las familias, afecta a los animales y pone en riesgo la permanencia de la gente en su propio territorio.

Algunas familias han tenido que irse buscando mejores condiciones. Los animales también han sufrido las consecuencias de la falta de agua y, en algunos casos, han muerto.

Durante todo este tiempo, la comunidad ha buscado respuestas. Ha acudido a la administración municipal y a entidades relacionadas con el suministro de agua en La Guajira. Se han presentado solicitudes y se han hecho gestiones, pero, según cuentan sus habitantes, las soluciones no han llegado en la medida que las necesitan.

Entonces decidieron hacer algo distinto: ayudarse entre ellos.

Con rifas, donaciones y aportes de familiares, amigos, vecinos y habitantes de la comunidad, comenzaron a reunir peso a peso los recursos para enfrentar una emergencia que ya lleva demasiado tiempo.

Una rifa tras otra. Premios sencillos, pero una voluntad enorme.

Y poco a poco, ese esfuerzo comenzó a dar resultados.

La comunidad logró construir un hidrosilo para almacenar agua y, con los recursos obtenidos a través de estas actividades, también consiguió una motobomba para extraer el agua del pozo.

Pero todavía falta.

El hidrosilo está construido, pero el sistema aún no está listo para llevar agua hasta las viviendas. Se necesita hacer mantenimiento al pozo, instalar las tuberías que permitan conducir el agua hasta el hidrosilo y, posteriormente, llevarla desde el almacenamiento hasta cada hogar.

También hacen falta tuberías, conexiones, uniones y otros elementos necesarios para poner todo el sistema a funcionar.

Sobre el hidrosilo hay una frase que resume buena parte de esta historia:

“Hecho con amor por la comunidad”.

Y no parece una frase puesta allí simplemente para decorar.

Es el resultado de una comunidad que decidió no quedarse esperando.

Son hombres y mujeres que, con recursos limitados, han puesto tiempo, esfuerzo y dinero para intentar resolver una necesidad tan básica como tener agua para sus familias y sus animales.

Tocapalma no está pidiendo lujos.

Está pidiendo agua.

Por eso, el llamado de esta comunidad va más allá de las redes sociales. Hoy vuelven a tocar puertas y buscan el apoyo de organizaciones no gubernamentales, fundaciones, empresas, entidades públicas y privadas y personas que quieran sumarse a una causa concreta: ayudar a que el agua llegue finalmente a los hogares de Tocapalma.

Porque detrás de este proyecto no hay grandes presupuestos ni una estructura institucional.

Hay rifas.

Hay donaciones.

Hay sacrificios.

Hay vecinos trabajando.

Y hay una comunidad que se resiste a abandonar su territorio.

Tocapalma quiere seguir allí. Quiere que sus familias puedan permanecer en la tierra donde han vivido y trabajado. Quiere que sus hijos tengan la posibilidad de construir su futuro sin tener que marcharse por falta de algo tan elemental como el agua.

Mientras se habla de grandes proyectos, grandes inversiones y soluciones para La Guajira, en Tocapalma una comunidad está haciendo lo que puede con lo que tiene.

El hidrosilo ya está en pie.

Ahora falta lo más importante: que el agua llegue.

Y para lograrlo, Tocapalma necesita que alguien más se sume a esta historia.

Una institución. Una empresa. Una fundación. Una organización. O simplemente una persona que quiera ayudar.

Porque si una comunidad ha sido capaz de construir, con sus propias manos y con sus propios recursos, una parte de la solución, quizá ha llegado el momento de que no tenga que seguir enfrentando sola una necesidad que debería ser un derecho básico.

Tocapalma ya construyó la esperanza. Ahora necesita convertirla en agua.

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