¡Ay, la Costa!

 Hay pueblos en la Costa Caribe Colombiana, donde pasan cosas que no pasan en ninguna otra parte; situaciones y personajes irrepetibles, casi pintorescos.

Por José Joaquín Vence P.


En esta región, cada vez que se aproxima una contienda electoral (cada dos años), alcaldes, directores, gerentes de entes descentralizados, convierten sus entidades, de manera groseramente descarada, en fortines políticos y burocráticos. Ellos, los funcionarios, están convencidos que por acá nadie se asoma y que cuando alguien se interesa en averiguar o investigar, hacen uso del poder y de la chequera de la misma institución, para, de manera ágil, congelar o desaparecer cualquier intento de denuncia en su contra.

Algunos, tratando de agazaparse, otorgan poder amplio e ilimitado a sus gestoras o a algún familiar cercano para que sea este quien direccione prebendas, exija coimas, o recomiende quién debe ser contratado o a quién se debe emplear.


En muchos de estos pueblos, esos alcaldes y gerentes, se entregan tanto a una campaña, que en esa entrega no se detienen a revisar y a pensar antes de actuar; por eso mismo, contratan a más de uno sin el lleno de los requisitos, violando la ley, violación que podría llegar a costarles el puesto, que incluso, podría llevarlos a la cárcel. Nada les importa, con tal de apoyar la causa, que piensan ellos, les daría continuidad y la permanencia , a través de terceras personas, o por qué no, en cabeza de ellos mismos.

En el afán de mostrarse comprometidos, conscientes que la vigilancia de los órganos de control, es poca o nula, se vuelven temerarios, asumen riesgos impensables, lo que importa es hacer la campaña a su causa. Actúan creyendo que no van a perder, porque al ganar su candidato, nadie va a revisar nada, nadie va a denunciar y ellos seguirán reinando; tanto se ha normalizado esa irregular conducta, que ya es normal ver a funcionarios reaccionando en las publicaciones que hacen los candidatos en sus redes sociales, incluso, asistiendo públicamente a eventos políticos.
Tienen mucho qué perder, tienen todo por tapar y por eso, pienso, apuestan a todo o nada. Saben bien que muchas de sus actuaciones no aguantan la mínima revisión, ellos tienen claro que han quebrantado la ley, no una, sino decenas de veces.

No deja de ser una tontería, porque como se dice coloquialmente: “están poniendo todos los huevos en una sola canasta”.

Eso explica el porqué, luego de años de salir de un cargo, mucha gente sigue de investigación en investigación y de proceso en proceso.

En esos mismos pueblos, que en su gran mayoría, son pequeñas aldeas, todo se sabe y basta con pararse en la puerta de cualquier oficina pública y preguntar a todo el recién contratado por quién piensa votar en octubre y la respuesta será una sola, amén de que muchos de esos que van entrando a trabajar, ni siquiera cumplen con el perfil para el cargo para el cual fueron contratados, incluso, más de uno ha presentado documentos falsos o adulterados logrando, muchas veces reunir los requisitos de manera extemporánea. Eso sí, que uno habla con cualquiera de esos funcionarios, en cualquier pueblo de la Costa y ellos se rasgan las vestiduras y alardean honestidad, que son imparciales, vociferando, que no están con nadie, gritan, pero, como lo dije anteriormente, en estos pueblos pequeños, todo, absolutamente todo se sabe.

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