¿Colombia es el segundo país más feliz del mundo y paga el galón de gasolina más caro, a pesar que los precios internacionales han bajado el 50% en países no productores de petróleo?


Una cosa es que amemos a Colombia y la alegría de nuestra gente, y otra es que nos cojan de tontos a pagar por un mal manejo de gobierno como es de costumbre



Gráfica 1. Índices del costo del galón de gasolina en Colombia, demostrando su constante aumento (estudio publicado en el periódico de la Universidad Nacional de Colombia, UN Periódico)
En estos días he pensado en la situación de nuestros compatriotas residentes en el país (Colombia). Dentro de mi análisis, he tomado de referencia algunos estudios en donde se afirma que los Colombianos son las segundas personas más felices del planeta de acuerdo con el artículo “Colombia, el segundo país más feliz del mundo” de acuerdo con la Revista Semana, como también llegando a ocupar un tercer lugar como es mencionado en el artículo “Colombia, el tercer país más feliz del mundo” publicado por El Espectador.
Paradójicamente, me encuentro con el artículo “Colombia, un país felizmente estúpido” publicado en las 2 orillas (http://www.las2orillas.co/colombia-un-pais-felizmente-estupido/), en el cual cuestiona las preguntas aplicadas en los estudios referenciados, ya que se encuentra con la perla de que el 42% de los entrevistados no desean vivir en Colombia, ante la pregunta “¿Si usted pudiera vivir en cualquier país del mundo, en cuál viviría?”. Entonces, me pregunto ¿Esto será exceso de felicidad?, ¿Quién engaña al pueblo? ¿Con qué fin se hace este tipo de artículos?, ¿Será que la felicidad se cuantifica bajo sondeos o percepciones públicas?, ¿Es posible esto?, ¿En verdad eres feliz cuando todos estamos cada vez más fregados?
Ante estos hechos, considero que se están cimentando las bases para un estado donde liderara, sin dudas, toda clase de estudios, mediciones y maquillaje de cifras de un país donde cada día se evidencia más la desigualdad, el servilismo y la burocracia bajo el ocultamiento público de los registros más altos en los índices de inequidad económica, perfilándonos sarcásticamente en el siguiente estudio de “felicidad” convertirnos en el “país más feliz del mundo” (primer lugar) ya que quizás más del 50% de los ciudadanos encuestados expongan su deseo de no quieren vivir en este país.
No podría ser para más, pues que se espera de la inequidad en crecimiento donde el un salario mínimo mínimo mensual legal se fija en $644.350 ($US 280), correspondiendo a un ingreso diario de $21.478 ($US 9). Con este ingreso, el ciudadano debe cubrir los gastos de transporte público (3 pases/diarios como mínimo y el auxilio de transporte no cubre en su totalidad este concepto), almuerzos, alimentación, alquiler, mercado, transporte escolar e impuestos, y dado el caso, algo dejar para recreación, alejándose el ahorro.
A esto se le debe sumar los costos del galón de la gasolina, tema debatido no solo en escenarios al interior del país con intereses malsanos, sino también en las alas marginales ajenas al vicio de “la mermelada”. Esta última ha cuestionado de frente al Gobierno solicitando respuestas y explicaciones a ¿Por qué las diferencias en el costo del galón?, ¿Quién se está beneficiando de estas circunstancias?, ¿Si producimos 1 millón de barriles diarios de crudo, porque su precio al público no baja?, ¿ Si en Estados Unidos el promedio por galón es de $ 5,200 ($US 2.20), por qué en Colombia se paga $ 8,300 (US$3.50), a pesar de que somos productores de petróleo?.
Ante el mantenimiento de la alza del galón de gasolina, el Gobierno siempre argumentó que este se tasaba de acuerdo con el comportamiento del valor del barril en mercados internacionales. Entonces ¿por qué el precio del galón internamente no ha bajado siendo que el precio del barril de petróleo internacional ha bajado en un 55% (de US$ 100 a US$ 45 de acuerdo con el registro del 31 de enero de 2015)? ¿Por qué a penas reducir el valor del galón en un 2%? Sin embargo el Gobierno sigue basando su decisión en el bajo recaudo de los impuestos, los costos de ECOPETROL, los subsidios percibidos por los productores de etanol y otros programas de ámbito social, y no dando mayor explicación al escenario “si sube pagamos más y si baja pagamos más” cuando en el mundo la tendencia del valor del galón de gasolina es a la baja.
Ilógicamente en Colombia, el costo del galón de gasolina inicio para el mes de enero/15 en $ 8,402 y finalizó en $ 8,430. Ante el cuestionamiento público en medios y las quejas de los usuarios, el Ministerio de Minas y Energía decidió fijar el valor del galón de gasolina a $ 8,206 pesos (reducción de $138 que corresponde al 1.7%) para el mes de febrero, mientras que el precio internacional sigue a la baja, llegando casi al 60% ¿Quizás el Gobierno será el más feliz de Colombia en el próximo estudio?
Muchas las especulaciones, pero pocas las respuestas, y la verdad es más sencillo de lo que aparenta manifestar sobre el tema los expertos “mermelados”, pues el valor del galón de gasolina está sujeto a dos condicionamientos: impuestos y subsidios.
De acuerdo con el estudio de la Universidad Nacional, la discriminación interna del valor del combustible se basa en una fórmula, mas secreta que la formulación en la fabricación de la Coca-Cola. Se tiene a partir del pago de impuestos los que corresponden a un 33%, y el concepto por costos técnicos asociados a la producción, transporte, manejo y distribución lo que significan el 67%. ¿Quién se beneficia en este momento comprando la gasolina con un 50% de descuento y vendiéndola con el 1% de descuento pues solo se ha bajado $100? El problema no es el cubrimiento del pago de los impuestos, el problema radica es donde queda el dinero que resta por los precios más bajos. ¿Si el Gobierno no baja los precios como corresponde a la tendencia internacional, entonces debe lo que recauda de mas ahora es para tapar su déficit presupuestal? Pero el escenario no varía para el pueblo, quien debe pagar altos costos por el galón de gasolina, así suba o baje en el mercado internacional. Esta absurda inequidad no es socialismo ni capitalismo, esto es una política monopolista injusta contra el ciudadano común que por no salir a las calles a protestar ya lo califican de ser el más feliz.
El Banco de la República de Colombia, que maneja las finanzas del país, en un reciente informe al Congreso de la República manifiesta: “Los efectos para Colombia del incremento en los precios del petróleo serían diversos y representarían retos para la política económica. Entre los efectos, los más destacados son el aumento en los precios de combustibles que, a su vez, se trasmitiría de manera directa al IPC mediante la gasolina e indirectamente a los alimentos y algunos otros bienes vía costos de transporte”.
Entonces, ¿Usted cree las verdades a medias del actual Gobierno? Porque yo no, pues el mismo Gobierno ha aceptado sus intenciones finales de aumentar en el precio del galón de gasolina, como lo manifestó un ex Ministro de Minas y Energía, quien expresó que esta acción es necesaria para reducir el déficit de $393.000 millones del Fondo de Estabilización de Precios a los Combustibles (por cierto, esta determinación la Corte Constitucional de Colombia la declaró como inconstitucional). Sin embargo, en su momento, Rodado Noriega para la revista Dinero, mantuvo la afirmación: “Es importante insistir en que no se tienen apropiaciones en el Presupuesto General de la Nación para subsidios a los combustibles y menos frente a las necesidades sociales del país para afrontar los proyectos de reconstrucción que demanda la ola invernal de finales del 2010, así como los retos que se han señalado para el presente cuatrienio en el Plan Nacional de Desarrollo”.
Si esto es así, debemos entender a fondo la verdad de la situación donde el Gobierno utiliza el precio de la gasolina para tapar los huecos fiscales, la mala administración de los recursos, el clientelismo, y los altos costos que implican en brindar “la mermelada” como alimento del politiquero de turno quien vendió su electorado para una relección, para así permanecer en el poder. Tristemente esto es a costa del colombiano que sigue trabajando con un mínimo salario y siendo feliz porque Colombia ocupa el segundo lugar en felicidad en el mundo.
Si usted no siente su voz de protesta, seguirá viviendo en el país de la felicidad, así no desee más vivir en él.
Con sentimiento,
Zoilo Nieto
Inmigrante educador y empresario
Oficina de Prensa
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twitter: @ zoilonieto

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