Entre el odio y el miedo

Por: Hernán Baquero Bracho.
En total acuerdo con el colega columnista, el jurista Martin Barros Choles, sobre su opinión fechada en junio 30 del año en curso. Pareciera que la gran prensa está utilizando a más de uno de los nuestros en esta hermosa tierra para pescar en rio revuelto y con  todo eso que ha ocurrido, más de uno se está dejando monopolizar para atizar mas la hoguera por una de la más profunda polarización política que ha estado viviendo La Guajira por la disputa del poder, en los últimos tiempos.     

La Revista Semana, El Diario El Espectador, el periódico virtual La Silla Vacía,  son entre otros lo que de manera frecuente nos han convertido en flash de películas donde el odio y el miedo es el guion más importante de tales filmes como si nos estuvieran filmando en una novela con el mayor rating de sintonía. Los actores principales son los dirigentes de la península que en la mayoría de los casos es pura ficción, actores de reparto y extras como si La Guajira fuera el guion más importante y más impactante de la vida nacional. Pero los medios de comunicación nos usan para sus propios intereses económicos y ya están pasando la raya del amarillismo, cuando tratan de confundir a su misma opinión tratándonos como espurios, asesinos, delincuentes de la peor calaña y pare de contar.
No podemos negar que muchas de sus informaciones tienen algo de veracidad, pero los medios de comunicación están tratando de combinar una bomba de molotov que puede traer consecuencias impredecibles, donde ellos la gran prensa nacional se han convertido en la enzima catalizadora atizando la mezcla para que explote. ¿Cuál es el interés maquiavélico de la gran prensa nacional en contra de La Guajira? Ahí  estoy de acuerdo con el antropólogo, escritor, investigador y gerente regional del Banco de la República en Riohacha Wildler Guerra Cúrvelo, que el país andino anda tras los pasos de conquistar a La Guajira.
El psicoanálisis nos enseña que el odio es el hermano menor del miedo. Pues el miedo precede al odio. Detrás de cada odio hay, inevitablemente, un miedo. Así nos explicamos que cuando la mayoría de los habitantes de una nación, incluyendo a sus habitantes de una provincia, han sido dominados por el miedo, pueden cometer las más increíbles atrocidades y donde el chisme corre como el virus del dengue es más peligroso porque como lo he expresado siempre en La Guajira hemos sufrido de tres síndromes: el del cangrejo, el de la serpiente y la luciérnaga y en menor proporción el del escorpión. En la mayoría de los casos nunca llegamos a nuestro destino porque nos detenemos a tirarle piedras a cada perro que nos ladra.
Según Freud (“las pulsiones y sus destinos”) el odio precede al amor, aunque el miedo precede a ambos. Pero mientras el amor es la superación del miedo, el odio es su continuación bajo otras formas. Lacan convirtió la lógica de precedencia freudiana en una máxima que repetía constantemente. “el deseo precede a su objeto”. Eso significa que el deseo (de amor u odio) no es una causa sino un “fondo”. Es decir, la cosa originaria freudiana no es la causa que determina un deseo sino lo que está en el fondo del deseo. De tal modo el objeto destinado a ser destruido no causa el odio, solo lo objetiviza (desfonda). Lacan, en ese punto, entendió perfectamente a Freud.
A través de odio intentamos destruir “al otro” o “a lo otro”, es decir, a eso que supuestamente no nos deja ser lo que deseamos ser. En ese sentido tanto el miedo como el odio serian versiones naturales frente a peligros externos o imaginarios. Está de más decir que el espacio de la política es muy apto para servir de campo de proyección a los deseos de odio y amor que anidan “en el fondo” de cada ser.   

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