La Guajira indígena


La Guajira es el departamento colombiano con algunos de los peores índices de desarrollo social. 
Por: Adolfo Meisel 


Por ejemplo, tiene la tasa de analfabetismo de adultos más alta del país, 36,2%. Ambas cosas están relacionadas: la correlación entre el porcentaje de población indígena de un departamento y el porcentaje de necesidades básicas insatisfechas (NBI) es de 0,61, lo cual es un reflejo de siglos de exclusión de los descendientes de los habitantes originales de lo que hoy es nuestro país. O de las instituciones, para usar el lenguaje que popularizó el historiador económico Douglas C. North. En los próximos meses los nuevos gobernadores deben presentar su plan de desarrollo para el período 2012-2015. Es común encontrar que los planes territoriales de desarrollo sean sólo unos extensos mamotretos que se preparan para cumplir con obligaciones legales. Muchos se caracterizan por una redacción vaga, frases vacías y un lenguaje que aparenta ser técnico, pero que en realidad es muy superficial. Por lo general carecen de un diagnóstico preciso de los problemas económicos y sociales del departamento y de proyectos concretos (con costos, tiempos de ejecución y metas realistas). En el caso de La Guajira, si se quiere que el próximo plan de desarrollo departamental sea una herramienta útil para mejorar el bienestar de sus habitantes, habría que poner un enorme énfasis en la población indígena, tanto para el diagnóstico como para las inversiones. El 42,4% de los guajiros son indígenas. Esto no es un hecho menor. Lamentablemente, el 60% de esa población wayúu es analfabeta y el 44% de los indígenas de menos de 5 años presenta desnutrición crónica, comparado con 18% para los no indígenas de la misma edad. La priorización de las necesidades de la población nativa debe ser la piedra angular del próximo plan de desarrollo departamental. No puede ser que otra vez se haga un plan de desarrollo como el que se aprobó para el período 2008-2011, que es un ejemplo de lo que no deben ser estos documentos. En primer lugar, allí abundan las declaraciones de buenas intenciones: “Como otra de nuestras apuestas a futuro, impulsaremos y fortaleceremos la actividad pesquera y acuícola, apoyando la investigación y el cambio tecnológico, la capacitación y el desarrollo integral de los pescadores del departamento buscando la productividad y la competitividad”. ¿Cuántas investigaciones se financiaron? Quizás ninguna. Tal vez mejor que así haya sido, pues sin metas y objetivos claros hasta hubiera sido un despilfarro. ¿Cuál podría ser el tipo de proyectos que se deben incluir en el plan de desarrollo de La Guajira 2012-2015? Propongo como ejemplo uno solo: erradicar el analfabetismo en los adultos mayores de 15 años con un programa de etnoeducación. Esto vale $24.000 millones. Ello sólo representa el 2,7% de lo que ese departamento recibió en regalías entre el 2008 y el 2011 y, más vergüenza aún, sí, sólo el 0,6% de lo que se invirtió de recursos públicos en La Guajira en el cuatrienio pasado. Aunque está bien documentado que la inversión en capital humano es la estrategia más importante para reducir la pobreza, tiene más bien pocos defensores reales. Mucho más apoyo ha recibido de la dirigencia guajira la construcción del elefante blanco de la represa del río Ranchería, que en la fase uno costó $650.000 millones, para irrigar 18.536 hectáreas (saquen la cuenta) que pertenecen a unos pocos propietarios. Por eso es tan importante el debate público sobre estos temas. Ojalá que el plan de desarrollo de La Guajira 2012-2015 reconozca la importancia de invertir en su gente y sobre todo en su población wayúu.

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