Nos vemos en el Festival


"...se escenificarán los juegos propios de la etnia que ellos mismos definen de la siguiente manera: suawatira ama (carrera de caballo), suawatira poliiku (carrera de burro), ainawa suka yoshula (desafío con cardón), atchinjirawa (lucha libre), achiipajawa (lanzamiento de flecha), junaayajawa (lanzamiento con honda), ajawajawa (mini tejo wayuu), ochochojowa (juego de trompo wayuu), wayunkera (figura de barro), juruja (hacer fuego) soülaa (figuras con hilo) y awatera yoshu (carreras de cardón)".

Por: Jaime De La Hoz Simanca.
Las Majayut, vestidas con hermosas mantas, coloridas y ancestrales, caminarán las estrechas calles de Uribia acompañadas de alegres comitivas. Son jóvenes que no sobrepasan los 24 años; que hablan wayuunaiki, lengua de su etnia; que bailan la yonna, ese ritual que busca incesantemente unir al ser con el universo mediante el profundo sonido del tambor y el movimiento de la danza; y que, además, revelan una exótica belleza, símbolo de la fertilidad, que va más allá de las narices quirúrgicas, los senos de siliconas, los labios de bótox y la superficialidad exasperante que glorifican los reinados penetrados por las falsas culturas y por los verdaderos Raimundo Angulo.

El escenario será Uribia, municipio designado como Capital Indígena de Colombia que todos los años realiza el Festival de la Cultura Wayuu, declarado en 2006 Patrimonio Cultural de la Nación. Allí, en ese pueblo de historias fantásticas que subyacen en la memoria de sus habitantes, más de cinco mil visitantes se rotarán durante los días 14, 15 y 16 de este mes de mayo para seguir de cerca una manifestación cultural, sagrada y milenaria, que se mantiene intacta pese a los embates de las culturas importadas que pretenden caricaturizarla. Todos serán atendidos por los nativos, pródigos en amabilidad, felices por los reencuentros con sus hermanos venezolanos que vendrán también a evocar a los mismos antepasados de otros tiempos cuando, tal vez, sobrevivía una sola casta en medio de las amenazas del invasor y de una pobreza que hoy, pese a todo, cruza de lado a lado esa comunidad que en algunos rincones ha estado al borde del exterminio.

Esta será, entonces, la XXIV versión de un Festival que en 2010 se enmarca en la temática “Bicentenario y la Nación Wayuu”. A través de ella se expondrán distintos puntos de vista de connotados historiadores cuyas ponencias serán discutidas el sábado 15 de mayo en el Auditorio Centro Cultural “Tomás Glicerio Pana”, de Uribia. Así, mediante un exquisito conversatorio, continuará el tradicional Festival en el que estará presente la Ministra de Cultura, Paula Moreno, una afrodescendiente que probablemente entienda, mejor que sus antecesores en el cargo, las expresiones culturales de las minorías étnicas y raciales cuyo desconocimiento y desprecio, a través de los siglos, obliga a muchos especialistas a cuestionar la próxima conmemoración en marcha de los doscientos años de una independencia asimilable más a la metáfora que a la realidad histórica.

“Bicentenario y la Nación Wayuu” es –¿quién lo duda?– uno de los platos más apetecidos del Festival, pues la inminente celebración pondrá sobre el tapete una controversia de la que ya hemos visto pequeñas muestras y aproximaciones, entre ellas, la que nos recuerda que uno de los sectores que más se opuso a la independencia fueron las etnias indígenas. ¿Por qué? El Foro en Uribia podría entregar algunas luces.

Pero, más allá de la crítica y de la razón, el Festival de la Cultura Wayuu conserva atractivos que constituyen fuentes para el conocimiento. Y, también, eventos propios y auténticos, sin deformaciones, que permiten hablar de una realidad mágica. O, si se quiere, de esa realidad maravillosa –el prodigio de nuestra Latinoamérica indígena ‘alterada’ por una realidad que parece sueño– de la que hablara el escritor cubano Alejo Carpentier en un esfuerzo admirable por evaluar El reino de este mundo, una de sus grandes novelas.


¿Atractivos? Ya he mencionado la elección de la Majayut de Oro, la mujer que, después de una larga competencia de destrezas físicas e intelectuales, nos hará recordar que años atrás fue una majayurú que permaneció encerrada al comenzar su adolescencia, atendida por su abuela materna, con el propósito que aprendiera las costumbres de sus ancestros, los oficios, la cultura y el respeto por sus semejantes.

Además, se escenificarán los juegos propios de la etnia que ellos mismos definen de la siguiente manera: suawatira ama (carrera de caballo), suawatira poliiku (carrera de burro), ainawa suka yoshula (desafío con cardón), atchinjirawa (lucha libre), achiipajawa (lanzamiento de flecha), junaayajawa (lanzamiento con honda), ajawajawa (mini tejo wayuu), ochochojowa (juego de trompo wayuu), wayunkera (figura de barro), juruja (hacer fuego) soülaa (figuras con hilo) y awatera yoshu (carreras de cardón).

Y un atractivo especial: el Primer Encuentro de Etnoliteratura que concentrará –venidos de distintos puntos de América– a los escritores indígenas, quienes a través de la poesía, el cuento y la novela, recrean su entorno, sus noches y sus días, mediante la fábula; o recurriendo a una ficción que, al decir de Vargas Llosa, es un acto de rebeldía contra la realidad que viven, “contra la creación de Dios que es la realidad… Una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia…”.

A lo anterior se suman, entre otras actividades, el Festival de cine indígena, el encuentro de danzas étnicas de la Región Caribe, el concurso de instrumentos musicales, exposiciones de arte, pintura y fotografía, la Apertura de la Sala Museo de la Cultura Wayuu, la Ruta Cultural del Bicentenario en la gran Nación Wayuu, las Noches de Interculturalidad y la presentación de la obra de teatro Fragmentos de Libertad 200 años, de la Fundación Teatro Varasanta, de Bogotá.

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