Dalia y los recuerdos de Juancho


Por: Hernan Baquero Bracho.
Ese 21 de noviembre de 1994, es una fecha que marcó a los amantes del vallenato para siempre. Ese día murió trágicamente uno de los grandes del folclor: Juan Humberto Rois Zúñiga o para la farándula “Juancho” Rois, creador de una escuela musical exitosa y uno de los mas virtuosos e intérpretes del acordeón. Murió en la cúspide de su carrera musical, en la cima estaba con su compañero Diomedes Díaz y ambos se constituían en los reyes de la melodía.

Ese 21 de noviembre de 1994 fue una fecha lastimera y triste para siempre en los amantes del folclor de la música que ha revolucionado al mundo con sus sueños y quimeras. Todavía retumba en la memoria cuando “Juancho” iba a cumplir un compromiso extra con el teniente José Gutiérrez, ex integrante de la guardia nacional de Venezuela y con quien lo unía una gran amistad. A las 5:30 de la tarde de aquel 21 de noviembre, “Juancho” y cuatro integrantes de su conjunto(el bajista Rangel Torres, el cajero Tito Castilla, el guacharaquero Jesualdo Ustariz y el técnico de acordeones Eudes Granados) abordaron en el aeropuerto de Maiquetía de la capital venezolana, la avioneta Cessna Piper YV-628P, rumbo a la localidad de El Tigre, estado de Anzoátegui, donde los esperaban el teniente Gutiérrez, los invitados y el cantante Enaldo Barrera, “Diomedito”, quien iba a remplazar a Diomedes Díaz, ya que el cacique se quedó en el hotel Caracas Hilton.

Ese día presagiaba lo malo que iba a ocurrir: estaba lloviendo, las luces del aeropuerto estaban apagadas y producto de ello vino la confusión del piloto de la avioneta y la tragedia inminente que el mundo conoció en la madrugada del 22 de noviembre de 1994. Se salvaron de morir milagrosamente Tito Castilla y Jesualdo Ustariz. Cundo la noticia llegó a Colombia y específicamente a San Juan Del Cesar, su madre Dalia Zúñiga (la hija de Jacinto Vega ), entró en shock y que hoy después de 15 años continua con ese dolor en el alma que le adormece el corazón y las lagrimas brotan como ríos de agua viva y todos los recuerdos de “Juancho” vienen a su mente y es cuando llega la cuarto de los recuerdos, una habitación en su casa que guarda todo como si estuviera vivo de lo que su hijo fue en vida: fotos de todos sus álbumes musicales, de su matrimonio con el amor de su vida, de sus amigos especialmente del combo de la flotica, de “Juancho” con su hermano José Gregorio , quien hoy funge como secretario general de Corpoguajira y álbumes de fotos de todo su recorrido musical.


En su casa se encuentra la estatua del ídolo de la música vallenata, estilo vaquero como le gustaba vestir a él, con camisa a cuadros, pantalón gris y zapatos marrones- en su pecho el amuleto de oro que siempre lo acompañó, bigote bien pulido y su cabellera sobre los hombros y sus colmillos que le ganó el adjetivo de “el conejo Juancho Rois”. Y allí siempre la mirada triste recorre el tiempo de los recuerdos de su adorado hijo. A quien nunca olvida y siempre mantiene presente en los sentimientos y en su corazón martirizado por la tragedia de ese día y de ese año fatídico.

Así es esta sencilla mujer, con alma rebelde y con un carácter insigne que lo muestra en la política y que como ella lo dice se le fue un hijo pero otro ha llegado, refiriéndose al gobernador Jorge Eduardo Pérez Bernier, a quien quiere como tal y que es la llama encendida de sus ideales y de sus ilusiones. Pero a “Juancho” nunca lo podrá olvidar y cada vez que se toca el tema en su presencia afloran las lagrimas del dolor, de la tristeza y de la partida tan tempranera de su vástago, a quien quiso tanto, a quien tanto mimó y quien le dio tantas alegrías y solo se siente en lontananza el suspiro de una madre y las notas tristes de un acordeón que sellan este amor tan profundo de una madre y de un hijo. Paz para siempre en la memoria de “Juancho Rois”

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