Por el momento, la meta de Villanueva debe ser apoyarse en los buenos propósitos de sus jóvenes

Por: Wilson Alfonso Daza Cárdenas.

Por regla general, los pueblos no tienen metas propias. Al menos, no como producto de una concertación. Las metas de los pueblos son las metas de sus líderes. De manera que si los líderes no tienen metas, los pueblos tampoco.

Ahora, cuando un pueblo carece de metas, eso es algo que se nota en el desenvolvimiento del gobernante de cara a sus colaboradores y en relación con los problemas fundamentales de la comunidad. Si no hay un propósito establecido, los servidores públicos se dedican a asuntos triviales, como a hacer amistad con músicos, a organizar fiestas, a sacar adelante uno que otro proyecto que le reporta beneficios económicos, a preparar la próxima campaña política, etc.

Empero, el tener una meta definida, le da a un líder claridad sobre lo que quiere de sus colaboradores. De modo que si tiene un fin propuesto, entonces tiene elementos de juicio para emitir directrices y evaluar los resultados. Y si tiene autoridad, entendida esta como el pleno dominio de su función, puede eliminar cualquier germen de desorden e imponer el ejemplo de trabajo duro con esmero y humildad.

Pero si el líder no tiene una meta clara y definida, las consecuencias resultan ser obvias. No sabe qué exigir concretamente a sus colaboradores; por tanto, no tiene bases sobre las cuales evaluar su trabajo. Eso le resta autoridad ante ellos y, en forma gradual también le resta autoridad ante el pueblo. Se genera en la mente del conglomerado social una idea de desorden institucional y eso se convierte en un foco de desmotivación para la juventud.

Pero lo peor de todo es que esa situación se refleja en la actitud que asume el pueblo frente a sí mismo y frente a sus propios problemas, porque lo que ocurre es que se apaga en los corazones de los ciudadanos la llama del compromiso con los bienes de uso público, con los recursos naturales, con la educación de los hijos, con la justicia y la solidaridad, y con la situación del país en general.


En el caso de Villanueva, una nueva generación está pidiendo campo para iniciar una transformación en los métodos de liderazgo y en el modo de gobernar. Esto debe ser aprovechado por el pueblo porque no todos los municipios de Colombia cuentan con la suerte de tener a sus jóvenes profesionales pensando cómo aportar para engrandecer a su terruño. Pero es indispensable que esa nueva promoción comience a mostrar estructura política porque de lo contrario terminará conformada por figurines solitarios que al final no podrán evitar caer en las garras de los viejos caciques.

Así mismo es importante que a esa juventud no llegue la desmotivación reinante. Por eso hay que pensar que, como dice el libro sagrado del Eclesiastés, todo tiene su tiempo debajo del sol. Por ahora, la meta de Villanueva debe ser apoyarse en los buenos propósitos de su juventud. Ya llegará el día en que nuestro pueblo tendrá una meta clara y definida, y respirará aire de orden y de progreso.

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