Jorge Pérez, vuelve y juega!

Por: Wilson Alfonso Daza Cárdenas.
La opinión pública nacional aún no sale de su asombro. Volvió La Guajira a aquellas épocas en las que era observada con tristeza y al mismo tiempo objeto de burlas por parte de los estadistas colombianos, debido a las actuaciones de sus gobernantes.

El Gobernador del Departamento, Jorge Pérez Bernier, en una muestra del más absoluto desinterés por las necesidades del pueblo guajiro, hizo el negocio del siglo. Con una verdadera jugada olímpica sacó de taquito a las Empresas Públicas de Medellín (EPM) y a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), con el argumento de que no presentaron los documentos que acreditaban su experiencia y adjudicó la gerencia del proyecto del Plan Departamental de Agua de La Guajira, a una empresa que, aunque sí los presentó, no cuenta con experiencia alguna en el campo del servicio público de agua.

Es decir, que según él, el hecho de que las empresas con más trayectoria y seriedad en Colombia en el manejo del servicio público de agua no hayan presentado unos documentos, lo facultaba para escoger a la primera empresa que se le atravesara en el camino aunque no contara la capacidad e idoneidad suficientes para gerenciar ese proyecto.

A Jorge Pérez lo recuerdan mucho en su ciudad natal, Riohacha, por dos elefantes blancos: la Villa Olímpica y los tubos del acueducto que nunca se instalaron. Sería desastroso para toda La Guajira el tener que recordarlo por uno más; pero no cualquiera, sino el más grande en toda su historia: el de la Revolución del Agua como originalmente se denominó cuando el ex Gobernador José Luis González puso todo su empeño y al Estado a trabajar por la obra que habría de convertirse en el punto de partida para el desarrollo del Departamento.

Pero en medio de todo esto, lo que más tristeza produce es que nosotros los guajiros nos hayamos tenido que enterar de esa escogencia gracias a las denuncias hechas por medios de comunicación del interior del país, porque los “periodistas” locales han decidido autocensurarse y no hablar de aquello que afecte la imagen del señor Gobernador. Así, con voces de falsa vehemencia se dedican a atacar a todo aquel que esté en contra de la administración departamental; pero no se escucha una voz que haga un señalamiento sobre el reversazo que ha tenido la inversión social y los proyectos de mejoramiento de la calidad de vida de los indígenas Wayuü. Tampoco han vuelto a hablar de la extrema pobreza que se ve en el Departamento ni del bajo nivel de la educación, etc. Y ahora quieren pasar agachados por el medio de la discusión que se ha generado en torno al tema de la gerencia del proyecto de la Revolución del Agua.

Pero, ¿y qué hay de nuestros diputados? ¿Qué dicen? Ellos son los primeros llamados a hacer el respectivo control, y sin embargo no se ha escuchado una sola queja. Esa actitud de los representantes del pueblo no produce tristeza sino desesperanza porque si así se portan frente a un proyecto de tanta trascendencia, no me quiero ni imaginar lo que, en medio de tanto silencio cómplice, puedan estar apoyando.

Por otra parte, ¿qué dicen los alcaldes y los concejales? Nada. Mejor dicho Jorge Pérez los hala del hocico a presenciar el descalabro de La Guajira. Él que no tiene adeptos sino súbditos, ha sido licenciado por Dios para llegar, a su modo, a ocupar los cargos públicos de mayor responsabilidad en el Departamento y los diputados, alcaldes y concejales van detrás sin un mínimo de consideración por sus municipios.

Ahora no queda sino esperar a ver que decide el Banco Mundial. Pueda ser que la decisión contemple una nueva adjudicación para el bien de La Guajira porque de lo contrario habrá que rogar para que el rey de los elefantes blancos y su corte tengan piedad con este pobre pueblo.

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