Desde la niñez

Cuando era un personaje real, el menor de todos, de mi novela “Beliza, tu pelo tiene…,” no podíamos imaginar que llegaría a recorrer un camino de logros, de triunfos, tan brillante. Era un niño delgadito, siempre agarrado de la mano de Giomar, su hermana, que corrió por las sabanas de Manaure, en donde sus padres tenían una finca cafetera. Ya en Villanueva estudió en el Roque de Alba, cuando cada uno de los integrantes del grupo que se reunía a escuchar cuentos infantiles, de miedos y fantasías, mientras la luna rielaba, refulgía en el verdor de la pradera, tomó el rumbo de su destino; luego él, Gilberto Orozco Orozco se iría a estudiar Derecho y a comenzar su lucha por conseguir la realización de sus sueños.

Fuimos muy unidos, éramos como hermanos, si mi mamá estuviera viva no dejaría de hablar contándole a todo el mundo que su sobrino, el mismo que por las noches tenía miedo a los muertos y que ella animaba y acompañaba hasta cuando se dormía, es hoy el Viceministro de Justicia, aunque los cargos, anteriores a este, que ha ejercido no han sido menos ilustres.

La noticia en este diario fue escueta, como son las noticias, pero yo la veo no sólo como una felicidad para él, sino importante para nuestra región que se ha destacado en los últimos tiempos por tener representantes dignos en el Gobierno Nacional, eso llena de orgullo a los departamentos del Cesar y La Guajira, a la familia, a los amigos.

¿Pero quién es Gilberto Orozco Orozco? Un villanuevero nacido en el hogar de Julio Orozco Dangond y Elsa Orozco Ovalle, ambos fallecidos; con una herencia de amor a la jurisprudencia venida desde el abuelo Enrique Orozco Ariza; de amor a la constancia y al silencio prudente de su otro abuelo, el materno, Gregorio Orozco Ariza.

Era apenas un estudiante cuando se casó con María Rosa Orcasitas Orozco, con ella y con sus hijos Julio, el querido Yuyo, y Margarita Rosa, también abogados, ha formado un hogar católico, ejemplar, en donde el estudio, la intelectualidad y las buenas maneras se destacan.

Gilberto se propuso, paso a paso, llegar a donde está ahora, lo ha hecho con diplomacia, con tenacidad sosegada a pesar de los momentos difíciles de salud que venció con férrea voluntad; caminó hacia sus programas de vida con la mirada en alto, sin detenerse a prestar atención a críticas e intrigas, comunes en todos los ámbitos profesionales, sin olvidar a los amigos que le han pedido ayuda, de suerte que hoy muchos de ellos ocupan cargos importantes o se ha pensionado gracias a su concurso generoso.

Es difícil escribir públicamente de los logros de alguien tan cercano, de alguien que llevamos siempre en los recuerdos de la niñez, pero es más difícil sustraerse al deseo de decirle a la opinión pública, a los lectores, quién es el paisano que ha logrado otra distinción importante.

Además, ni mi mamá, ni sus padres, mis tíos, me lo perdonarían. He escrito a lo largo de mi vida, sobre mucha gente, es más que justo que hoy mi columna sea para el doctor Gilberto Orozco Orozco, el primo con el que ya no nos sentamos a contarnos ni cuentos ni realidades, pero que está metido en las vivencias infantiles, esas que son parte del alma, esas que forman una dulce sucesión de afectos.

Mary Daza Orozco

Columnista Diario El Pilón

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