La parranda comercial: una oportunidad de negocio que permitiría sacarle provecho económico al engrandecimiento de nuestro Festival.

Por: Poncho Daza Cárdenas

Cuando el ex Representante a la Cámara José Joaquín Vence complementó la ponencia del doctor Luis Mariano Murgas para el proyecto de ley que buscaba declarar al Festival Cuna de Acordeones patrimonio cultural de la Nación, una de las cosas que agregó fue la oportuna aclaración de que lo que se pretendía no era solamente “agrandar la fiesta”, sino que además se dotara a Villanueva de un soporte que le permitiera mantener viva una tradición musical que ha sido también parte de su transcurrir económico, en la medida en que muchas familias de este pueblo obtienen su sustento gracias a que uno o más de sus miembros hacen parte de algún grupo musical Vallenato. Más tarde, después de la plenaria de la Cámara en la que se aprobó el proyecto, el propio Senador Murgas Arzuaga, tuvo el detalle de reconocerle a nuestro Representante Vence Pájaro, la incorporación de ese aspecto del cual él no tuvo discernimiento en el momento de elaborar sus consideraciones, sencillamente porque las implicaciones económicas del folclor vallenato en la vida del Municipio de Villanueva sólo están al alcance de los villanueveros.

Esa idea de Kin, habrá de ser retomada algún día para darle un alcance práctico, puesto que una fiesta tan grande como el Festival Cuna de Acordeones debería dejar más beneficios económicos a la población anfitriona. Tal vez hay demasiados líderes organizando el festejo y ninguno haciendo cuentas.

Sería bueno explorar, por ejemplo, la posibilidad de organizar parrandas comerciales. Me explico: dado que Villanueva no cuenta con la infraestructura que tiene Valledupar para montar los grandes espectáculos que dejan jugosas ganancias y dan participación a los comerciantes informales, podría sacarle provecho a su limitación a través de la descentralización de la fiesta vallenata más pura de Colombia. ¿Cómo? Mediante la promoción y estímulo de parrandas hechas en patios frescos, adecuados para atender a los turistas, quienes podrían disfrutar durante el día de un escenario típico, rico en atenciones, lleno de folclor y amabilidad. Allí podrían pagar una entrada a un precio cómodo; comprar el licor de su gusto; comerse un buen sancocho, etc. También podrían, porqué no, comprar artesanías, o camisetas estampadas con motivos del Festival. Todo esto, mientras se divierten con un buen conjunto de acordeón, caja y guacharaca.

Claro está que para construir y desarrollar una idea como esa es necesario olvidarse un poco del excesivo ritualismo del que padecen muchos vallenatólogos, y pensar más en el turista; en sus gustos y en su comodidad. Pero sobre todo, hay que contar con alguien que se apersone de esa tarea. Que se tome el trabajo de investigar cuáles villanueveros residentes en el pueblo esperan invitados y cuáles residentes en otros lugares traerán invitados. Que les consulte qué piensan hacer con esos visitantes; cuáles son los planes que tienen para con ellos, y les plantee la idea de una parranda como esta para percibir su disposición. Que averigüe también si alguna empresa promotora de turismo está pensando en dirigir algún grupo hacia Villanueva.

Luego deberá hacer un cálculo de cuántos visitantes sin plan específico se esperan, para entonces sí, determinar cuántas parrandas comerciales serían necesarias. Una vez hecha esta estimación, lo que sigue es vender la idea a posibles inversionistas villanueveros, a quienes la Fundación Festival Cuna de Acordeones brindaría apoyo especialmente en el tema de publicidad y direccionamiento de personal. Incluso, hay que pensar que no sólo los cachacos estarían interesados en asistir a esas parrandas. Seguramente personas provenientes de los pueblos vecinos y muchos villanueveros desprogramados, también verían allí una posibilidad de pasar un agradable rato parrandero durante el día, antes de asistir a la plaza por la noche a ver a los grandes artistas.

La persona más indicada para dirigir un plan como este debe ser alguien dotado de diligencia y laboriosidad sin límites, que no resulte inferior al encargo y que además conozca el festival por dentro. Ojala sea un villanuevero colaborador, miembro de la Fundación Festival Cuna de Acordeones, como el doctor Fabián Molina Martínez. En efecto, todos sabemos que Fabián es un profesional capaz de llevar cualquier proyecto por pequeño que sea a niveles impensados. Además para sacar adelante ese propósito se requiere de una persona que, como él, tenga amigos por toda Colombia y fuera de ella. Lo propongo porque un objetivo como ese, en caso de ser considerado, no debería caer en manos negligentes.

De otra parte, debo aclarar que yo soy un amante de los concursos propios de un festival de música vallenata, los cuales brindan la posibilidad de disfrutar el evento al ciento por ciento. Pero hay que reconocer que mucha gente, especialmente la que viene del interior del país, queda sin algo que hacer durante el día porque no ven en ese programa el espacio que les permitirá sacar toda la energía rumbera reprimida. Esa es una atmósfera creada para los que nos gusta analizar el vallenato; para aquellos a los que nos da placer hilar delgado cuando hablamos de nuestro folclor. Pues bien, la parranda comercial le caería como anillo al dedo a los primeros. Ellos serían, por fin, incluidos en la programación del Festival.

Quiero, así mismo, manifestar que esta humilde propuesta la hago con motivo de la convocatoria que de todos los profesionales del pueblo está haciendo desde Bogotá la gran dama del Festival, Luzmila López, pero igualmente con el ánimo de plantear la búsqueda de caminos que conduzcan a Villanueva a un nivel de integración y de organización tal, que produzca una cohesión perfecta entre sus organizaciones privadas y las instituciones públicas de todo orden, en pro de un ideal realizable. Pensando en eso, el Festival es, sin duda, un buen punto de partida, ya que su capacidad de convocatoria y su grandeza nos presta un balcón desde el cual podemos visualizar unidos, es decir, sin discriminaciones, el futuro realista que podemos forjar para el pueblo. De manera que el aprovechamiento de esa coyuntura para iniciar cambios en la mentalidad poco mercantilista de los villanueveros y para darle vida a programas de cultura ciudadana que requieran la disposición de todo el pueblo, es una obligación. Por eso, para cuando llegue esa fecha, ya deben estar preparadas por parte de los miembros de la Fundación y de las autoridades locales las semillas que se van a sembrar en la mente y en el corazón del pueblo, para dar comienzo, en la mejor época del año, a un cultivo del que podemos recoger a mediano plazo buenos frutos.


Por último, hay que decir que es muy bueno el ambiente que desde ya se vislumbra en relación con la realización de muchas parrandas privadas destinadas a atender a personalidades de importancia regional y nacional. Eso demuestra que ese ambiente no ha perdido su lugar de privilegio entre los tipos de reuniones que permiten crear amistades y fortalecer las ya establecidas. La parranda es la institución fundamental del folclor vallenato. Pueda ser que en el próximo Festival Cuna de Acordeones sean muchas y que esas oportunidades se aprovechen al máximo, con prudencia y elegancia.

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